jueves, 25 de marzo de 2010
Entrevista. Agota Kristoff
En 1986, treinta años después de huir a Suiza con su marido y su hija recién nacida, la narradora húngara escribió en francés El gran cuaderno, primera entrega de una trilogía que la consagró como novelista. En una entrevista en su casa, en Neuchâtel, afirma que ha dejado de escribir y habla de su vida: la infancia en la guerra, el exilio, el trabajo en una fábrica y el éxito.
"Más habría valido que mi marido hubiera estado dos años en la cárcel que yo cinco en una fábrica"
"Peor que la guerra fue la posguerra. Hungría se convirtió en una colonia de la URSS"
"Mi forma de escribir viene del teatro. Diálogo puro. Lo justo, sin relleno, sin grasa"
"Más habría valido que mi marido hubiera estado dos años en la cárcel que yo cinco en una fábrica"
"Peor que la guerra fue la posguerra. Hungría se convirtió en una colonia de la URSS"
"Mi forma de escribir viene del teatro. Diálogo puro. Lo justo, sin relleno, sin grasa"
Etiquetas:
Agota Kristof,
entrevista,
lectura
martes, 23 de marzo de 2010
El detén, Claribel Alegría
El malestar al alcance de todos. Mercedes Cebrián. (Caballo de Troya, 2004)
Un libro de relatos, para ser exactos 14 relatos y 11 poemas intercalados entre ellos, poemas ajustados al sentido y ritmo de los relatos que los anteceden. El propio título avisa, malestar, y no podemos evitar contraponerlo al concepto de sociedad del bienestar donde nos dicen con tanta insistencia que habitamos. Y eso logra Mercedes Cebrián, al mostrarnos la desazón de unos personajes urbanos, desvalidos, torpes la mayor parte de las veces para adaptarse, ya sea a las convenciones culturales, como en Retóricos anónimos, o a la institución familiar - tan incómodas sus poses para ceñirnos a ellas- como en Aluminosis, el cuento con el que se inicia el libro y que con facilidad nos introduce en el tono del resto. Y otros claramente crueles, como mi preferido entre todos, Resentido de este pie.Sus relatos destilan humor, acidez con carga de mala leche que finalmente nos rechinan al enfrentarnos y reconocer las poses y sinsentidos en las que nos movemos, al aceptarlas sin más como válidas. Basta una mirada distinta, un sesgo entresacado de la realidad para descubrir el malestar y Cebrián lo logra con la sencillez de sus historias, con un lenguaje adaptado perfectamente a lo que desea contar y que en todo momento leemos como reconocible. Y no es difícil sonreir al final de cada cuento siendo conscientes de que se trata de un espejo en el que no saldríamos del todo bien parados si persistiéramos en la mirada.
Pero Cebrián cuida a sus personajes y la crueldad no deja de ser amable, ese tono tierno del que sabe ver a los demás, imposible sería no verse también a uno mismo, con toda la carga de fragilidad y supervivencia que conllevan las relaciones entre nosotros y el mundo que nos tocó vivir.
Para mí, uno de los mejores libros de cuentos que he leído hasta el momento, al menos el más regular si unimos todos los relatos, de las últimas hornadas de cuentistas en nuestro país.
domingo, 14 de marzo de 2010
Tres comentarios sobre Claus y Lucas
Estos comentarios han sido copiados de Ciao
Comentario 1. De Zoquete
Mis adorables y amantísimos amigos,¡Qué gran deleite y contento me produce agasajaros sin dilación con la insuperable propuesta de apasionada lectura del volumen "Claus y Lucas"! Mi maltrecho corazón se encoge conmovido ante la simple suposición de imaginaros recorriendo las líneas de esta extraordinaria novela. Decidme de veras, con toda honestidad, aun a sabiendas de que todavía no hayáis disfrutado del placer de encontraros con la primera página del libro, ¿no os invade el vértigo, no sentís ya el hormigueo de dejaros cautivar por las verdades como puños que imprime (qué digo imprime, ¡que taladra!) la autora sirviéndose de dos pobres e inocentes angelitos?
Comentario 1. De Zoquete
Mis adorables y amantísimos amigos,¡Qué gran deleite y contento me produce agasajaros sin dilación con la insuperable propuesta de apasionada lectura del volumen "Claus y Lucas"! Mi maltrecho corazón se encoge conmovido ante la simple suposición de imaginaros recorriendo las líneas de esta extraordinaria novela. Decidme de veras, con toda honestidad, aun a sabiendas de que todavía no hayáis disfrutado del placer de encontraros con la primera página del libro, ¿no os invade el vértigo, no sentís ya el hormigueo de dejaros cautivar por las verdades como puños que imprime (qué digo imprime, ¡que taladra!) la autora sirviéndose de dos pobres e inocentes angelitos?
Etiquetas:
Agota Kristof,
lectura,
reseña
Tienda de Voces
Tienda de Voces es una asociación para el fomento de la lectura creada en 2008. Su meta es la difusión de la lectura, en primer lugar, pero, más allá de este objetivo un tanto idealista, pretende incidir en una idea de la lectura como germen de estrategias para el fomento de la lectura: la de que la lectura es un acto.
Hasta no hace mucho se ha concebido teóricamente la lectura (no nos referimos a la práctica individual de la lectura, ajena a los estudios teóricos), como si se tratara de una actividad pasiva, si tal cosa es posible o, más bien, como si no fuera en absoluto una actividad, un acto.
La idea fundamental de Tienda de Voces es que leer es hacer. El lector es el interlocutor de un texto, y este carácter dialógico implica una lectura activa, por la que el lector asume y filtra a través de su experiencia y sus conocimientos del mundo aquello que lee. El resultado de una lectura, es decir, la interpretación, la creación de un sentido en colaboración con el texto, puede explicitarse en un producto, o puede intuirse, esbozar una silueta, como el humo, para diluirse más adelante (que no desaparecer) y puede, por supuesto, transformar una vida.
Tienda de Voces cree que dar forma (escribir, editar, dibujar, incluso enunciar en una conversación) hace que ese ejercicio de interpretación que es la lectura tenga un impacto mucho mayor, tanto en el individuo, lector-creador, como en la sociedad. Por eso compartimos. El diálogo sigue vivo, y abierto. La literatura (el vehículo de la lectura-escritura), el acto de habla (afirmar, mostrar, investigar, eludir, buscar, preguntar; recrear, interpretar, reescribir. Revivir) que es la literatura, -que son el cine, el arte, la mentira, la propia vida cuando se la cuenta uno a sí mismo o a otros-, toma forma material; se puede sostener en las manos.
Además, la lectura es una actividad adictiva: cuanto más se lee más se quiere leer.
-Drugs… -decía William Burroughs en Drugstore Cowboy.
-Historias… - decimos nosotros, a su lado.
Hasta no hace mucho se ha concebido teóricamente la lectura (no nos referimos a la práctica individual de la lectura, ajena a los estudios teóricos), como si se tratara de una actividad pasiva, si tal cosa es posible o, más bien, como si no fuera en absoluto una actividad, un acto.
La idea fundamental de Tienda de Voces es que leer es hacer. El lector es el interlocutor de un texto, y este carácter dialógico implica una lectura activa, por la que el lector asume y filtra a través de su experiencia y sus conocimientos del mundo aquello que lee. El resultado de una lectura, es decir, la interpretación, la creación de un sentido en colaboración con el texto, puede explicitarse en un producto, o puede intuirse, esbozar una silueta, como el humo, para diluirse más adelante (que no desaparecer) y puede, por supuesto, transformar una vida.
Tienda de Voces cree que dar forma (escribir, editar, dibujar, incluso enunciar en una conversación) hace que ese ejercicio de interpretación que es la lectura tenga un impacto mucho mayor, tanto en el individuo, lector-creador, como en la sociedad. Por eso compartimos. El diálogo sigue vivo, y abierto. La literatura (el vehículo de la lectura-escritura), el acto de habla (afirmar, mostrar, investigar, eludir, buscar, preguntar; recrear, interpretar, reescribir. Revivir) que es la literatura, -que son el cine, el arte, la mentira, la propia vida cuando se la cuenta uno a sí mismo o a otros-, toma forma material; se puede sostener en las manos.
Además, la lectura es una actividad adictiva: cuanto más se lee más se quiere leer.
-Drugs… -decía William Burroughs en Drugstore Cowboy.
-Historias… - decimos nosotros, a su lado.
jueves, 11 de marzo de 2010
Nieve. Reseña
Nieve es una de las novelas más hermosas que he leído. En ella Orhan Pamuk, además de pintar un cuadro lo suficientemente grande como para introducirse en el drama político y religioso de Turquía, incluye interesantes acercamientos a los temas del amor y el arte.
Recuerdo una idea iluminadora que Pamuk ofrece en palabras de su protagonista, un poeta y supuesto periodista: “Ka me había dicho mucho antes que un buen poeta sólo tiene que girar alrededor de las poderosas verdades que encuentra ciertas pero en las que teme creer porque estropearían su poesía y que es precisamente la música oculta de aquellos giros lo que forma su arte”.
Recuerdo una idea iluminadora que Pamuk ofrece en palabras de su protagonista, un poeta y supuesto periodista: “Ka me había dicho mucho antes que un buen poeta sólo tiene que girar alrededor de las poderosas verdades que encuentra ciertas pero en las que teme creer porque estropearían su poesía y que es precisamente la música oculta de aquellos giros lo que forma su arte”.
Nieve. La simetría del mundo. Cecilia Dreymüller en El País 24/09/05
Ka, un intelectual europeizado refugiado en Alemania, vuelve a Turquía, a principios de los años noventa, después de doce años de exilio. Al averiguar que Ipek, un antiguo amor de facultad, se ha divorciado de su marido y vive en una apartada ciudad de Anatolia, viaja a Kars como corresponsal de un periódico de Estambul. Con el pretexto de cubrir las elecciones locales y una serie de suicidios de muchachas musulmanas ortodoxas, a las que se les ha impedido asistir a clase con pañuelo, propone a Ipek en matrimonio para llevársela a Francfort. Sin embargo, las pesquisas para el artículo lo involucran en las intrigas políticas locales y la convulsa realidad de Kars acaba por alcanzarle. Una patética función de teatro deviene en sangriento golpe militar y nadie en la ciudad, que queda aislada por la nieve, escapa de la repentina erupción de violencia.
Resulta difícil resumir el intrincado entramado argumental de Nieve, una combinación de thriller político, novela de artista, historia de amor y novela de ideas. Tras el resumen sucinto, sin embargo, asoma la mecha de su contenido explosivo. Nombrar en Turquía la masacre armenia de 1915, tematizar la represión brutal del conflicto kurdo, señalar las crecientes dificultades del Estado laicista con el islamismo político, equivale a un sacrilegio. Descubrir, al mismo tiempo, la cara oscura de una nación con una altísima tasa de paro y falta general de formación, en una historia donde los hombres pasan el día en la casa del té, las mujeres se resignan a las palizas y los jóvenes ven en el suicidio la única salida a sus problemas espirituales, no contribuye a hacerse amigos en un país esforzado en ofrecer una imagen de democracia moderna, en aras de la anhelada entrada en la UE.
Resulta difícil resumir el intrincado entramado argumental de Nieve, una combinación de thriller político, novela de artista, historia de amor y novela de ideas. Tras el resumen sucinto, sin embargo, asoma la mecha de su contenido explosivo. Nombrar en Turquía la masacre armenia de 1915, tematizar la represión brutal del conflicto kurdo, señalar las crecientes dificultades del Estado laicista con el islamismo político, equivale a un sacrilegio. Descubrir, al mismo tiempo, la cara oscura de una nación con una altísima tasa de paro y falta general de formación, en una historia donde los hombres pasan el día en la casa del té, las mujeres se resignan a las palizas y los jóvenes ven en el suicidio la única salida a sus problemas espirituales, no contribuye a hacerse amigos en un país esforzado en ofrecer una imagen de democracia moderna, en aras de la anhelada entrada en la UE.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Ese amor, Yann Andréa
Ese amor - Yann AndréaTusquets
Él, Yann Andréa, tenía 27 años. Ella, la gran Marguerite Duras, tenía 65. Él creyó enamorarse, actuaba, vivía y respiraba como si realmente lo estuviera. Ella, sin embargo, era la única que parecía conocer la verdadera identidad de su acompañante. Se querían, se respetaban, pero era una relación tormentosa, imposible. Y no por la edad, no, eso nunca importó. Más bien por sus carácteres, por su naturaleza. Eran amantes y cómplices y cuando ella se murió él creyó morir también a su vera. Como consecuencia vino la soledad, la autodestrucción, el salvajismo del ser humano, el animal que llevamos dentro. La escritura vino después, poderosa, reclamando su sitio. Y así surgió este libro, esta larga carta de amor.
Cada palabra contiene en su interior un profundo sentimiento y un imperioso dolor aún latente. Esconde, Yann, entre las líneas el desgarro que le produce en cada átomo de su cuerpo la ausencia de Marguerite, el pasado y el tiempo que nunca volverán, las risas, la bebida que sabía mejor a su lado, las calles de París. París, cuna y tumba de su amor, testigo mudo de rumores, críticas, pero también de mucho cariño y respeto. París, la tumba de la Duras, y de Yann. Tras su muerte él nunca volvió a ser el mismo.
Fueron uno, durante muchos años fueron uno, en cuerpo, en pensamiento, en literatura, en palabras. Las que se dedicaban, las que se reprochaban. Fueron uno en la cama y uno en las discusiones. Fueron uno en la muerte de Duras. Tuvieron el coraje, durante todo ese tiempo que permanecieron unidos “no se sabe por qué”, como decía ella, de seguir adelante, callando rumores. Les separaba un gran agujero pero no importaba. Qué más daba. Frente a la fachada del edificio en el que vivían colgaba un gran cartel, como los del Moulin Rouge, con la palabra “imposible”. Una auténtica sentencia final. Aguantaron. Tiránicamente.
Aún hoy a Yann, que sigue vivo, y a nosotros, que les admiramos, nos quedan los libros de la Duras, ese ser extraño que nos deleita en cada libro, aunque a veces no entendamos ni palabra. Este libro nos permite conocerla un poco mejor. A Yann le quedan también sus palabras, sus recuerdos. Y a los dos juntos, como debería ser, a Andréa, a Marguerite, les queda la eternidad.
Cada palabra contiene en su interior un profundo sentimiento y un imperioso dolor aún latente. Esconde, Yann, entre las líneas el desgarro que le produce en cada átomo de su cuerpo la ausencia de Marguerite, el pasado y el tiempo que nunca volverán, las risas, la bebida que sabía mejor a su lado, las calles de París. París, cuna y tumba de su amor, testigo mudo de rumores, críticas, pero también de mucho cariño y respeto. París, la tumba de la Duras, y de Yann. Tras su muerte él nunca volvió a ser el mismo.
Fueron uno, durante muchos años fueron uno, en cuerpo, en pensamiento, en literatura, en palabras. Las que se dedicaban, las que se reprochaban. Fueron uno en la cama y uno en las discusiones. Fueron uno en la muerte de Duras. Tuvieron el coraje, durante todo ese tiempo que permanecieron unidos “no se sabe por qué”, como decía ella, de seguir adelante, callando rumores. Les separaba un gran agujero pero no importaba. Qué más daba. Frente a la fachada del edificio en el que vivían colgaba un gran cartel, como los del Moulin Rouge, con la palabra “imposible”. Una auténtica sentencia final. Aguantaron. Tiránicamente.
Aún hoy a Yann, que sigue vivo, y a nosotros, que les admiramos, nos quedan los libros de la Duras, ese ser extraño que nos deleita en cada libro, aunque a veces no entendamos ni palabra. Este libro nos permite conocerla un poco mejor. A Yann le quedan también sus palabras, sus recuerdos. Y a los dos juntos, como debería ser, a Andréa, a Marguerite, les queda la eternidad.
Entrevista a Orhan Pamuk
MIGUEL ÁNGEL VILLENA 24/09/2005
El escritor turco Orhan Pamuk ha reflejado en su última novela, Nieve, la compleja situación que vive su país en la encrucijada entre Oriente y Occidente. Premio de la Paz de los libreros en la próxima Feria de Francfort, Pamuk es un intelectual incómodo en su tierra, donde ni militares ni islamistas le perdonan su voz independiente. En esta entrevista repasa la situación de Turquía y analiza su novela.
Orhan Pamuk publica en estos días en español su última novela, Nieve (Alfaguara), poco después de que un tribunal turco le haya acusado de haber "insultado deliberadamente" a la identidad nacional, unos cargos que pueden sentarlo en el banquillo tras un proceso judicial que comenzará en diciembre. Entretanto, Pamuk prepara su próximo viaje a Francfort, donde recibirá en octubre el Premio de la Paz que otorgan los libreros alemanes, una de las distinciones culturales más importantes de Europa. Desde su casa en Estambul, el novelista concedió una entrevista telefónica a este diario sobre Nieve, una novela que constituye un monumental friso de la sociedad turca de los últimos años.
PREGUNTA. Nieve en turco se dice kar, el protagonista de este libro se llama Ka y la ciudad en la que transcurre la historia se llama Kars. Usted describe la nieve como algo que representa el aislamiento, la belleza, la frialdad, todo unido. ¿Por qué ha prestado tanta atención a la nieve como fenómeno y símbolo?
El escritor turco Orhan Pamuk ha reflejado en su última novela, Nieve, la compleja situación que vive su país en la encrucijada entre Oriente y Occidente. Premio de la Paz de los libreros en la próxima Feria de Francfort, Pamuk es un intelectual incómodo en su tierra, donde ni militares ni islamistas le perdonan su voz independiente. En esta entrevista repasa la situación de Turquía y analiza su novela.
Orhan Pamuk publica en estos días en español su última novela, Nieve (Alfaguara), poco después de que un tribunal turco le haya acusado de haber "insultado deliberadamente" a la identidad nacional, unos cargos que pueden sentarlo en el banquillo tras un proceso judicial que comenzará en diciembre. Entretanto, Pamuk prepara su próximo viaje a Francfort, donde recibirá en octubre el Premio de la Paz que otorgan los libreros alemanes, una de las distinciones culturales más importantes de Europa. Desde su casa en Estambul, el novelista concedió una entrevista telefónica a este diario sobre Nieve, una novela que constituye un monumental friso de la sociedad turca de los últimos años.
PREGUNTA. Nieve en turco se dice kar, el protagonista de este libro se llama Ka y la ciudad en la que transcurre la historia se llama Kars. Usted describe la nieve como algo que representa el aislamiento, la belleza, la frialdad, todo unido. ¿Por qué ha prestado tanta atención a la nieve como fenómeno y símbolo?
Etiquetas:
entrevista,
lectura,
Orhan Pamuk
miércoles, 24 de febrero de 2010
Confesiones de una máscara, Yukio Mishima
Confesiones de una máscara - Yukio MishimaEspasa-Calpe
“Todos dicen que la vida es un escenario. Pero la mayoría de las personas no llegan, al parecer, a obsesionarse por esta idea, o al menos no tan pronto como yo. Al finalizar mi infancia estaba firmemente convencido que así era, y que debía interpretar mi papel en ese escenario sin revelar jamás mi auténtica manera de ser. Como esa convicción iba acompañada de una tremenda ingenuidad, de una total falta de experiencia, pese a que existía la constante sombra de duda en mi mente que me hacía sospechar que quizá no estuviera en lo cierto, lo indudable es que todos los hombres enfocaban la vida exactamente como si de una interpretación teatral se tratara. Creía con optimismo que tan pronto como la interpretación hubiera terminado bajaría el telón y el público jamás vería al actor sin maquillaje. Mi presunción es que moriría joven era otro factor que colaboraba a mantener esa creencia. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese optimismo, o, mejor dicho, ese sueño en vigilia, concluiría en una cruel desilusión”.
Yukio Mishima “ Confesiones de una máscara”. Capítulo 3La confesión de esta máscara es la confesión de una vida. No habla la máscara, habla la persona, a cara descubierta, con cierta vergüenza, quizás incluso con cierto remordimiento. Qué paradoja, la de la máscara, ¿verdad? Mientras lo leía me acordaba de todas las veces que tuve que agachar la cabeza en mi vida, para sacar pecho después porque ésa era quien yo era, y así es como el joven japonés de la historia es. Sin trampas ni cartón, pura sinceridad. Detrás de esa máscara se ha ocultado siempre un hombre valiente, que necesita del apoyo de la máscara para decir “esto he sido”. No habla detrás de ella, ya no se esconde. Nos cuenta que la ha llevado impuesta desde la infancia y que eso ha marcado su vida. Pero, ¿qué podía hacer? En el Japón de la posguerra y en una familia cuya figura dominante es la abuela, obligado a quedarse en casa, relegado a la vida sedentaria, a ocultar su homosexualidad, castigado a no herirse.
El título es una paradoja, porque la verdad es que nunca ha habido confesión más abierta y honesta que ésta. Su primera novela y su primera gran obra. También fue el primer libro de Mishima que leí, y qué impacto, qué sensación. Me revolvió por dentro, Mishima, sí, con su escritura, con su sinceridad. Sus obsesiones fueron las mías. Y me dio qué pensar. Nuestra sociedad no es la sociedad del Japón de la posguerra, pero bien podría serlo. Somos afortunados. Aunque tenemos algo en común, aquel país y nosotros: carecemos de la misma libertad. Nos creemos libres pero no lo somos, precisamente por todas las opciones que tenemos.
En este escenario que es la vida, él desechó su máscara, dejó de ser actor, y con honor y valentía dio la cara. El único guión era su vida y con ello se lleva mi aplauso. Bravo.
domingo, 14 de febrero de 2010
La amante de Bolzano. Sándor Marai
Ediciones Salamandra.
Si, así en estilo técnico, el ritmo en narración es la proporción entre la cantidad de acciones y la cantidad de texto, entonces La amante de Bolzano tiene un ritmo extremadamente lento. Cómo no, si consiste casi sólo en una serie de monólogos en torno a la figura de Giacomo Casanova. Es una gran novela.
Sandor Marai se deja arrastrar por el discurso. Nunca antes fue tan teatral. Un personaje prueba su voz, quizá carraspea un poco, la escucha fortalecerse y crecer, y la deja ir, la sigue, la domina sin coartarla, la deja crecer, pues habla para un público, con intención persuasiva o seductora. El público es Giacomo, el objeto de toda acción y de todo pensamiento es Giacomo, esa fuerza de la naturaleza que, por donde pasa, despierta la sensibilidad, el deseo, la fascinación, el sueño, y aún así es una incógnita.
Nadie sabe qué es Giacomo Casanova. Ni él. Ser fiel a sí mismo puede equivaler a nada. Necesitar la compañía, porque si no somos reflejados en otros ojos no existimos, eso es Giacomo. La aventura. La aventura, el género que no tiene fin. El héroe se aleja y sabemos que sus aventuras no han terminado, que no pueden terminar nunca. Lo contrario del “Fueron felices y comieron perdices”. ¿Y el amor? La novela trata del amor, de la aventura, de la pasión. Y de un yonqui, de un vampiro.
El monólogo del Conde de Parma –marido de Francesca, la única mujer que podría ser, quizá, “la única”- es una obra maestra del mónologo y si yo fuera actriz lo representaría, porque crece y disminuye y ocupa un teatro entero sin aburrir un instante, y es uno, una unidad, un acto:
-Tú, que eres escritor…
-Tu género es la aventura.
Un Casanova que profundiza como ninguno en el arquetipo Casanova, ese arquetipo surgido de un hombre que existió en la Europa del siglo XVIII y que todos utilizamos para pensar en la realidad. Este Casanova no es guapo; más bien al contrario. No es gracioso y ligero como el de Lasse Hallström, no es el Casanova onírico de Fellini; no es, sin duda, Don Juan, ni el Vizconde de Valmont; no es el seductor de Kierkegaard. Es un misterio, un vacío activo que deseamos y desea. Fascina.
Sandor Marai se deja arrastrar por el discurso. Nunca antes fue tan teatral. Un personaje prueba su voz, quizá carraspea un poco, la escucha fortalecerse y crecer, y la deja ir, la sigue, la domina sin coartarla, la deja crecer, pues habla para un público, con intención persuasiva o seductora. El público es Giacomo, el objeto de toda acción y de todo pensamiento es Giacomo, esa fuerza de la naturaleza que, por donde pasa, despierta la sensibilidad, el deseo, la fascinación, el sueño, y aún así es una incógnita.
Nadie sabe qué es Giacomo Casanova. Ni él. Ser fiel a sí mismo puede equivaler a nada. Necesitar la compañía, porque si no somos reflejados en otros ojos no existimos, eso es Giacomo. La aventura. La aventura, el género que no tiene fin. El héroe se aleja y sabemos que sus aventuras no han terminado, que no pueden terminar nunca. Lo contrario del “Fueron felices y comieron perdices”. ¿Y el amor? La novela trata del amor, de la aventura, de la pasión. Y de un yonqui, de un vampiro.
El monólogo del Conde de Parma –marido de Francesca, la única mujer que podría ser, quizá, “la única”- es una obra maestra del mónologo y si yo fuera actriz lo representaría, porque crece y disminuye y ocupa un teatro entero sin aburrir un instante, y es uno, una unidad, un acto:
-Tú, que eres escritor…
-Tu género es la aventura.
Un Casanova que profundiza como ninguno en el arquetipo Casanova, ese arquetipo surgido de un hombre que existió en la Europa del siglo XVIII y que todos utilizamos para pensar en la realidad. Este Casanova no es guapo; más bien al contrario. No es gracioso y ligero como el de Lasse Hallström, no es el Casanova onírico de Fellini; no es, sin duda, Don Juan, ni el Vizconde de Valmont; no es el seductor de Kierkegaard. Es un misterio, un vacío activo que deseamos y desea. Fascina.
jueves, 11 de febrero de 2010
Las mil fugas de Casanova. Juan Villoro
Aprovechando la edición de las Memorias de Giacomo Casanova que prepara Renacimiento y que publicará este otoño, Villoro hace la vivisección del libertino veneciano, escritor y personaje tan enigmático como fascinante.
A Sergio Pitol
A los 72 años, Casanova vive en el castillo de Dux, Bohemia, en soledad punitiva. Por segunda ocasión ha sido exiliado de la Serenísima República de Venecia, carece de fortuna y amigos cercanos, y se ve obligado a aceptar el apoyo del conde Waldstein, quien le da un puesto simbólico de bibliotecario. En las escasas ocasiones en que el dueño del castillo visita sus propiedades y manda encender los candelabros para una cena, el huésped veneciano ofrece una estampa de lujosa decrepitud. Sus medias de seda con ligas de colores, sus chalecos de terciopelo, sus puños de encaje y su sombrero emplumado fueron elegantes en una época perdida; para 1797, se han vuelto vistosamente ridículos. En algún momento de la noche, el conde pide a su invitado que pague su estancia narrando su lejano escape de la cárcel de los Plomos. En un francés trabajado por italianismos, el aventurero cuenta una historia que los comensales escuchan con una mezcla de atención y piedad. Giacomo Casanova, autoproclamado Caballero de Seingalt, se ha convertido en una pieza digna de un gabinete de curiosidades, semejante al ciervo de seis cuernos, el autómata de cuerda o la Torre de Babel esculpida en una nuez. Tolerado con fatiga por la aristocracia local y repudiado sin miramientos por una servidumbre que coloca su caricatura en el retrete y le sirve los macarrones fríos, el veneciano intenta una última fuga. Durante trece horas diarias, que se le van “como trece minutos”, escribe su vida.
A Sergio Pitol
A los 72 años, Casanova vive en el castillo de Dux, Bohemia, en soledad punitiva. Por segunda ocasión ha sido exiliado de la Serenísima República de Venecia, carece de fortuna y amigos cercanos, y se ve obligado a aceptar el apoyo del conde Waldstein, quien le da un puesto simbólico de bibliotecario. En las escasas ocasiones en que el dueño del castillo visita sus propiedades y manda encender los candelabros para una cena, el huésped veneciano ofrece una estampa de lujosa decrepitud. Sus medias de seda con ligas de colores, sus chalecos de terciopelo, sus puños de encaje y su sombrero emplumado fueron elegantes en una época perdida; para 1797, se han vuelto vistosamente ridículos. En algún momento de la noche, el conde pide a su invitado que pague su estancia narrando su lejano escape de la cárcel de los Plomos. En un francés trabajado por italianismos, el aventurero cuenta una historia que los comensales escuchan con una mezcla de atención y piedad. Giacomo Casanova, autoproclamado Caballero de Seingalt, se ha convertido en una pieza digna de un gabinete de curiosidades, semejante al ciervo de seis cuernos, el autómata de cuerda o la Torre de Babel esculpida en una nuez. Tolerado con fatiga por la aristocracia local y repudiado sin miramientos por una servidumbre que coloca su caricatura en el retrete y le sirve los macarrones fríos, el veneciano intenta una última fuga. Durante trece horas diarias, que se le van “como trece minutos”, escribe su vida.
Etiquetas:
Casanova,
ensayo,
lectura,
Sándor Marai
miércoles, 10 de febrero de 2010
Sándor Marai. El best seller que volvió de la muerte.
Hay un misterio en las novelas de Sándor Márai, en el silencio de sus personajes, en la oscura motivación de sus acciones y sus reposos tensos, en las sombras de esos escenarios opulentos y decadentes, ya para siempre perdidos. Ese misterio empezó a conquistar a millones de lectores en todo el mundo desde 1999 (diez años después del suicidio del autor y a medio siglo de su partida de Hungría), a la vez como un presagio y una clave del horror que pronto estallaría. Algo parecido pasa con su vida. Los recuerdos de su familia, que lo concibió y lo crió como la flor de una estirpe y una clase social; sus prematuras memorias; los infinitos testimonios dejados por la prensa y la crítica, que durante al menos veinte años lo reflejaron según el molde del "escritor exitoso"; y por fin, las miles y miles de páginas de los diarios personales que llevaron, durante décadas y décadas, él y su esposa; todo ese material revela, por contraste, un itinerario irreducible a cualquier esquema o mote, empezando por el que él mismo eligió ponerse: el de burgués.
martes, 9 de febrero de 2010
Entre visillos, Carmen Martín Gaite
La Carmen Martín Gaite joven, encerrada en Salamanca, siendo una muchacha más, de tantas, provinciana, soñando con un futuro lleno de ambición, soñando con la cuidad, contando los días para ser libre y que las miras se ensanchen, para que las calles sean desconocidas y largas, para que el mundo se llene de pitidos de coche y movimiento de personas anónimas, la Carmen Martín Gaite que deseaba dejar de ser la chica de provincia que era, escribió Entre visillos enredándose en toda esa trama de la que pretendía huir. Por eso esta primera novela suya no podía tener otra temática que la vida, la pequeña vida que puede tener un grupo de niñas que están en ese paso a la madurez, sin plantearse nada más que cómo irán al baile del sábado o con quién van a casarse y, cuando lo hagan, cuándo tendrán su primer hijo y cómo será la casa del supuesto príncipe que les dará la familia y la vida que ellas esperan, por la que suspiran. Porque una mujer no es más que la patria del hombre que la elige. Todo ese ambiente, tan de entre visillos, tan de esconderse tras ellos y espiar la calle, la gente, el susurro, el corrillo que se forma para comentar lo último... de todo lo que huía Carmen Martín Gaite, con su boina calada, con su cigarro de intelectual, con todo lo que la animaría a irse a Madrid y buscar su lugar en el mundo, escurrirse entre escritores y grandes críticos, todo eso choca con la llegada del nuevo profesor de alemán que, diferente y lejano de toda aquella cotidianeidad, de toda aquella simpleza y llanura, marca la vida de algunos de sus alumnos, sobre todo de las féminas. El impacto del choque de culturas y mentes estaba todo dentro de la Martín Gaite inédita y fresca, siendo ella todas y cada una de las mujeres del pueblo, siendo también el profesor, siendo las ganas de la alumna más avanzada de la clase, casi enamorada del nuevo maestro, de esa vida que la esperaba ansiosa. Con esta novela pudo la escritora liberarse de aquella condición de provincianita, pudo enfrentarse a ese lado suyo del que renegaba y abrir, entonces, entonces y no antes, sus horizontes.jueves, 21 de enero de 2010
Ejercicios de Estilo. Raymond Queneau
Leo el Dietario voluble de Vila-Matas, no, no es ese el libro, lo sé, pero lo leo y habla de otro que sí es, que será hoy, Ejercicios de Estilo de Raymond Queneau. Y me entran ganas de hablar de él, de recordar como hace siglos -o casi, fue el siglo pasado, risa da pensarlo. Y miedo, quizás imbuida por el espíritu de la fugacidad del tiempo que también asusta a Matas. Y a quién no-. Lo compré tras ojearlo, sin saber lo que compraba, mucho antes de conocer movimientos literarios y sus poses, sólo me llamó la atención el título en un tiempo en el que el estudio de la forma me parecía la madre de toda literatura. Y luego fue el disfrute, la risa, de una historia sencilla, trivial contada de 99 formas distintas, unas más sorprendentes que otras, más ingeniosas, pero todas llamando mi atención. No es lo contado sino la manera cómo se cuenta, que venía a darme la razón en aquellos años adolescentes y dogmáticos.
Cuando tengáis ganas de un libro-juego, de sorprenderos con las combinaciones de una historia, de la risa y la complicidad provocada por un escritor retozón… probad con éste libro y os aseguro que la sonrisa, a veces la carcajada, la tendréis asegurada.
La solemnidad a un lado y la literatura al otro, fue el mejor descubrimiento, un regalo, que me ofreció éste libro.
viernes, 8 de enero de 2010
24 horas en la vida de una mujer. Stefan Zweig
Los escritores centroeuropeos –Sándor Marai, Joseph Roth, Stefan Zweig y muchos otros nombres imprescindibles- analizan, con precisión quirúrgica y variadas dosis de nostalgia, la desintegración de la burguesía y su formas hipercodificadas tras el final del imperio Austrohúngaro. Su fin como clase dominante trae consigo ese sentimiento de pérdida que provoca la ausencia de un patrón rígido de comportamiento y valores: la angustia de la libertad. Provoca una gran inseguridad y tengo la sensación de que en la literatura centroeuropea de entreguerras resuena un algo premonitorio, un temor soterrado y brillante que dota a estos autores de una calidad oscura y luminosa a la vez. A mí me fascina. Lo de premonitorio se refiere, claro, a la II Guerra Mundial, que puso el fin definitivo y brutal al agonizante mundo en que ellos crecieron.Creo que la introducción es necesaria porque, sin ella, una obra de la perfección de 24 horas en la vida de una mujer, podría no ser adecuadamente apreciada. Estamos acostumbrados a cambiar nuestra perspectiva moral hasta cierto punto; sabemos que una madre soltera no es lo mismo en una obra de época que en una actual, por ejemplo. Tampoco un beso es lo mismo. Esta novela corta en la que no sobra una coma trata de la pasión, que puede convertir a una persona que haya vivido toda la vida con intachable templanza y contención en un ser desconocido para ella misma, en alguien sorprendente. No puedo contar más, realmente. No spoilers.
Hay dos niveles narrativos en la obra, y el primero sirve para enmarcar precisamente el contexto moral en el que el lector tiene que situarse para juzgar o no juzgar. Para apreciar como se debe la historia narrada.
Técnicamente la novela es impresionante. La larga descripción de las manos de los jugadores del casino es puro expresionismo. Cientos de manos desprendidas de sus cuerpos, actuando y expresando toda variedad de emoción y temperamento, hasta el culmen de excitación de esas dos manos en las que finalmente se detiene la hipnotizada mirada de la narradora. Soberbio. El resto de la novela es más contenido y avanza como una flecha, directo a su objetivo, sin digresión alguna. Una novela que se lee en un rato y permanece en la memoria. Una novela que hay que leer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
